Es increíble que un artista de tal envergadura -que yo pongo a la altura de Douglas Sirk o Von Sternberg- haya pasado desapercibido en Occidente hasta los años noventa y sólo en este siglo empiecen a conocerse sus obras, incluso si es japonés, tanto más cuanto que se trataba de un director conocidísimo en su país. Me ha impresionado tanto que no puedo imaginar el cine sin Naruse, como no lo concibo sin Hawks o sin Lang. Y prácticamente no hay libros especializados sobre él.
Viva Naruse.



